El otoño es la temporada más infravalorada de Cantabria. Septiembre y octubre mantienen temperaturas de 15 a 22 grados, los bosques de hayas y robles se vuelven ocres y marrones, y la afluencia turística cae en picado después del puente de agosto. Los alojamientos bajan sus precios entre un 20 y un 40% respecto a julio y agosto.
Clima: lo que hay que saber
Llueve más que en verano, pero no de forma constante. Septiembre suele tener días largos y soleados intercalados con chubascos. Octubre y noviembre son más húmedos, con frentes atlánticos que entran por la costa y descargan en Liébana y los Picos de Europa. La ventaja es que los días de lluvia dejan nieve temprana en las cumbres, lo que mejora el paisaje.
La temperatura media ronda los 12-18 grados en la costa y 8-14 en Liébana. Se necesita chaqueta impermeable y capas. No hace frío de invierno hasta diciembre.
Menos turistas, mejores precios
En septiembre, las playas se vacían. Santillana del Mar, que en agosto recibe 10.000 visitantes al día, vuelve a ser un pueblo transitable. Las colas en el teleférico de Fuente Dé desaparecen. Los hoteles bajan sus tarifas y es común encontrar habitaciones dobles en Santillana por 60-80 euros, frente a los 120-160 de agosto.
La Feria del Orujo
El segundo fin de semana de noviembre se celebra la Feria del Orujo de Potes. Es el evento gastronómico más importante del otoño en Cantabria. Las destilerías del valle instalan puestos en la plaza del Ayuntamiento y ofrecen catas de orujo, crema de orujo y licores tradicionales. La afluencia es alta esos dos días, así que conviene reservar alojamiento con semanas de antelación.
Los colores del bosque
Octubre es el mejor mes para el senderismo otoñal. Los hayedos de Braña de los Tejos y Cosgaya, en Liébana, alcanzan su punto máximo de color hacia la segunda quincena. La ruta del Cares y el sendero del Desfiladero de La Hermida son menos transitados y se pueden hacer sin aglomeraciones.
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