Hay pocas villas en la cornisa cantábrica que concentren tanta historia en tan poco espacio como San Vicente de la Barquera. Situada en el extremo occidental de Cantabria, donde la ría del Escudo y la ría de La Rabia enmarcan una península natural, la villa es al mismo tiempo puerto pesquero, villa medieval amurallada, referencia del Camino del Norte y punto de inicio del Camino Lebaniense hacia Santo Toribio de Liébana. Esta acumulación de funciones no es casual: tiene raíces históricas que se remontan a la Edad Media y que explican la morfología y el patrimonio actuales de la ciudad.
Historia medieval: un puerto en el Camino de Santiago
El primer documento que acredita la existencia de una comunidad organizada en el emplazamiento de San Vicente de la Barquera data del período de la repoblación cristiana del norte peninsular, durante los siglos IX y X. La ubicación estratégica de la villa — abrigada por las rías, con acceso directo al mar y próxima a la entrada del Desfiladero de La Hermida — hizo de ella un punto de escala natural tanto para los navegantes costeros como para los peregrinos que transitaban por la cornisa cantábrica hacia Compostela.
El hito documental más preciso es el Fuero de San Vicente de la Barquera, concedido por Alfonso VIII de Castilla en el año 1210. El fuero otorgaba a la villa un estatuto jurídico propio que incluía privilegios comerciales, exenciones fiscales y el derecho a celebrar mercado. Junto con los fueros de Castro Urdiales (1163), Laredo (1200) y Santander (1187), el de San Vicente completa el cuarteto de las llamadas Cuatro Villas de la Costa de la Mar, la primera organización municipal del litoral cantábrico.
Durante los siglos XIII y XIV, San Vicente fue un puerto activo en el comercio de la lana castellana con Flandes e Inglaterra y en el transporte de peregrinos procedentes de las Islas Británicas y del norte de Francia que desembarcaban en el Cantábrico para continuar a pie hacia Santiago o hacia Liébana.
El Castillo del Rey
El Castillo del Rey domina la villa desde un promontorio al norte del casco histórico. Su construcción se inició en el siglo XIV, probablemente bajo el reinado de Alfonso XI de Castilla, y continuó durante el siglo XV. La fortaleza respondía a la necesidad de defender la villa y el puerto de las incursiones piratas y de los conflictos entre los reinos ibéricos durante la Baja Edad Media.
El castillo conserva sus torres almenadas y parte del recinto amurallado original, aunque el edificio ha sufrido intervenciones de consolidación en el siglo XX. Desde las almenas se obtiene una de las panorámicas más fotografiadas de Cantabria: la villa en primer plano, las rías cerrando la perspectiva a los lados y, en días despejados, los Picos de Europa al fondo, con el Macizo Central coronado de nieve hasta bien entrada la primavera.
La Colegiata de Santa María de los Ángeles
La Colegiata de Santa María de los Ángeles es el edificio religioso más importante de San Vicente de la Barquera. Su construcción se desarrolló entre los siglos XIII y XVI, con una nave principal gótica y varias capillas laterales añadidas en período renacentista. La fachada principal, de austero gótico cantábrico, da a la plaza central de La Puebla.
En el interior destacan los sepulcros medievales y renacentistas de familias nobles vinculadas a la villa y a la casa real castellana. El más conocido es el sepulcro de Antonio del Corro, Inquisidor General vinculado a la historia eclesiástica española del siglo XVI, aunque la datación e identificación exacta de algunos enterramientos ha sido revisada por los historiadores en los últimos años.
La colegiata es también punto de sellado de la credencial del peregrino, tanto para quienes transitan por el Camino del Norte como para quienes inician aquí el Camino Lebaniense.
San Vicente como puerta del Camino Lebaniense
El Camino Lebaniense en su trazado más largo parte de San Vicente de la Barquera y recorre aproximadamente 72 kilómetros hasta el Monasterio de Santo Toribio. El itinerario sigue en sus primeros kilómetros el mismo trazado que el Camino del Norte, hasta que en Unquera el camino se interna hacia el sur por el Desfiladero de La Hermida siguiendo el río Deva.
El peregrino que parte de San Vicente tiene la ventaja de obtener un comienzo emblemático: la villa medieval, el castillo, la colegiata y el puente medieval de Los Cinco Ojos forman un escenario de enorme densidad histórica que marca el tono del viaje hacia Liébana. La Oficina del Peregrino de San Vicente está situada junto a la colegiata y expide la credencial para el Camino Lebaniense.
La villa hoy: gastronomía y visita práctica
San Vicente de la Barquera tiene una economía principalmente turística y pesquera. La lonja de pescado y la flota de bajura siguen siendo parte de la identidad local, y la cocina de la villa refleja esa herencia: la marmita de bonito y la merluza en salsa verde son los platos más representativos de los restaurantes del paseo marítimo.
La fiesta más conocida de San Vicente es La Folía, una romería marinera celebrada el primer domingo tras Pascua en la que la imagen de la Virgen de la Barquera procesiona en barca por la ría, acompañada por la flota pesquera engalanada. Es uno de los rituales de religiosidad popular más genuinos de Cantabria y un espectáculo que merece la pena planificar si el calendario de la visita coincide.